Tunnelbana, el metro de Estocolmo
En el metro de Estocolmo (Tunnelbana) cada estación es una pequeña obra de arte, entre frescos, pinturas y esculturas. Ya desde su creación, en los años Cincuenta.
Pon un metro de 110 kilómetros en una capital que ni roza el millón de habitantes. Déjala funcionando de noche, en horarios prohibitivos y prohibidos (hasta la una en los días laborables mientras en los fines de semana es no-stop) en capitales europeas mucho más populosas y llenas de turistas. Y luego no te limites sólo a tener metros limpios y un servicio eficiente, sino cierras los ojos y sueña con estaciones decoradas como obras de arte, con columnas y mosaicos. No estás soñando, esto es Suecia.
El edén en cuestión es el Tunnelbana (literalmente calle que pasa por la «galería») el metro de Estocolmo, en el que, ya desde sus primeros años de vida, en los años Cincuenta, las estaciones han sido decoradas por artistas famosos. A día de hoy, casi la totalidad de las 100 paradas está pintada, coloreada y valorizada con esculturas y adornos.
Quien tiene un mínimo conocimiento de las ciudades del norte y su filosofía «orientada al servicio», no se asombra mucho. Estocolmo es todavía aquella ciudad dónde, si preguntas un billete ferroviario I/V para una cualquiera ciudad sueca, te ves entregar dos cupones con dicción idéntica, från Stockholm till Uppsala, literalmente «de… a…». Y si por casualidad preguntas cuál es la ida y cuál la vuelta, te mirarán con divertido estupor… Añade el factor norte, el humor del clima que también en la era del Global Warming hace desaconsejable las largas permanencias en el exterior en los meses invernales y la consiguiente maestría que lleva escandinavos y canadienses a crear espectaculares centros de agregación al cubierto… Y el juego está hecho.
Las imágenes asociadas al artículo provienen de la estación del Central Kungsträdgården. Retraen la obra de Ulrik Samuelson, que tiene hoy 78 años y ha rediseñado la estación en 1977. Ulrik, que se ha exhibido incluso en París y Nueva York, se ha vuelto poco a poco un especialista: ha planeado los adornos de otras estaciones de metro. Aunque Central Kungsträdgården todavía es una de sus preferidas. La ha transformado en un país de las maravillas, una mezcla de colores, con estatuas y fragmentos de otro histórico distrito de la capital sueca, que fue demolido.
La filosofía, de hecho, ha sido la de hacer vivible también esta parte de Estocolmo, que se ha «convertido en un espacio muy importante en la vida de los habitantes», explica Samuelson. «Es nuestro foro romano, el foro de Estocolmo», explica con orgullo Johanna Malmivaara, un guía que lleva grupos de turistas a visitar las estaciones del metro.




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